Evolución de las especies

31/3/13 0 comentarios ¡Deja tu comentario aquí!



Marlon Consuegra
Columnista

“Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”. Este fue una de las frases célebres del evolucionista más famoso de los últimos tiempos, Charles Darwin; y es así como quiero comenzar esta reflexión, que sin lugar a dudas me ha venido rondando desde hacía mucho, pero fue solo hasta que pude experimentar en carne propia lo que significa ver a mi región desde otra óptica, cuando decidí publicar una inquietud que ronda en mi mente.



Se trata de cómo la globalización ha permitido que los estándares de vida sean homogéneos en cualquier punto cardinal de la tierra, de cómo la evolución del comportamiento humano tiende a marcar líneas invisibles de “No transgresión” entre las personas, y de lo complejas que son las ecuaciones entre el volumen de habitantes y la búsqueda de  la calidad de vida.

Todo este preámbulo deriva de la forma como se vive en las demás latitudes, donde el progreso y el dinamismo de las relaciones interpersonales son notorias y van enmarcados en un plano del respeto, y donde la muy triste y devaluada “viveza criolla”, no tiene ninguna cabida. Sitios donde la obligatoriedad de ceder el puesto a un discapacitado, o adulto mayor no deriva de una sanción o multa, sino de la cultura de la justicia sobre la igualdad, porque igualdad sería que todos tengamos las mismas prebendas y beneficios, mientras que justicia sería que las prioridades se brinden de manera espontánea a quien tiene menos oportunidades que nosotros. Me pareció tan inverosímil y tontamente risible el hecho que al subir a un transporte público, sus pasajeros dijeran y pagaran el costo de su trayecto, sin que fuese auditado su viaje, ni existiera un vigilante que corroborara esa transacción. Y es que tanta honestidad es tan culturalmente arraigada, que es increíble como sólo con la palabra se tazan algunos negocios, que en mi región nunca existirían sin antes demostrar hasta el certificado de nacimiento de Cristóbal Colón.

Porque es claro que entre más normas de seguridad se inventan en Colombia, más modernos y eficientes son los medios para violarlas. Eso ha generado una burocrática forma de vida a la que ya estamos acostumbrados, donde es más importante el papel que la verdad. Un ejemplo claro es al querer solicitar un crédito bancario, que hasta el detalle de tus más íntimas cuentas sacan de tus entrañas antes de entrar en una fase de pre-aprobado; y muchos me dirán que -esos son medios de seguridad-, pero yo digo que son herramientas que nos han hecho más complejas las cosas, y de la que silenciosamente somos víctimas en el día a día. O quién no ha sido víctima de una tediosa espera en una Urgencia de centros públicos o privados, donde se hace obligatorio entregar hasta recibos de pagos para autorizar una atención, repito AUTORIZAR UNA ATENCIÓN, o quién nos enseñó que una urgencia vital tiene espera o requiere de algún requisito para su atención, ¡nadie!; pero hemos evolucionado así por nuestro propio comportamiento de engaño y falsedad en contra del sistema, que ha obligado a quien tiene el poder a hacernos víctimas de nuestros propios inventos, y aunque crean que me voy lanza en ristre contra mis coterráneos, sólo me basta con mirar desde afuera lo que hemos estado haciendo tradicionalmente incorrecto, para emitir este concepto en busca de la armonía social.

Y es que sorprende cuanta honestidad mostramos en nuestros perfiles del Facebook o Twitter, cuando en muchas ocasiones caemos en la tentación de no devolver un vuelto de mas, o entrar a eventos públicos sin pagar entre otros.

Creo que los sistemas se simplificarán el día que comencemos a respetar normas mínimas como una fila, un semáforo, escuchar antes que golpear, evitar la palanca política, etc. y progresivamente será menos necesario tanta tramitología que nos hace malhumorados y más viejos.

A muchos le parecerá una cátedra moralista impartida por el menos indicado, pero la distancia en ocasiones nos hace mejores personas, porque no es un secreto que como dice la columnista de Semana María Ximena Duzán, -colombiano que se respete atraviesa el charco y aprende a hacer todo lo que no hace en Colombia. Deja de botar papeles al piso, empieza a reciclar, deja de fumar… y hasta termina votando en las elecciones-. Sin embargo el haber dejado mi patria en varias oportunidades, y en diferentes tiempos y locaciones me da un referente de las tendencias exteriores, y no resisto ver que mi pueblo termine convirtiéndose en una especie en peligro de extinción, siendo los parias y el último eslabón en la escala de la evolución cultural. Y si nos ufanamos de ser cuna de cultura, no pensemos que a esto lo compone un cambio generacional, sino una renovación de nuestra propia forma de ver al que nos rodea, con respeto hacia él y hacia el sistema. Tal vez en algunos tiempos seamos testigos de los frutos de nuestro comportamiento.

El imperio del avispao’

25/3/13 0 comentarios ¡Deja tu comentario aquí!




Adrian Ibarra Ustariz
Columnista
Hace un tiempo fui victima, léase bien, victima, de uno de los 2.200 hurtos a personas que se registran en Barranquilla anualmente. Caminando presuroso por la cebra de una transitada avenida, enredado con compras de última hora en una mano y un morral con sobrecupo en la otra, me frenó el rasponazo en la nuca que no comprendí hasta que, entre los buses amenazantes por el semáforo en verde, vi al ladronzuelo deslizarse con movimiento felino, llevándose una cadena legendaria de ascendencia maternal.

Lo que siguió, como es usual en la fase post-atraco, es el relato de los hechos, una y otra vez, con el objeto de aclarar dudas y dar detalles a los allegados, además de evacuar aquella sensación de derrota ante la irremediable confabulación del universo contra ti, porque claro, miserable suerte, ¡con tanta gente en Barranquilla! como decía alguien. Pero el impase no termina allí. Detrás de los comentarios solidarios vienen en caravana los que te recuerdan que lo que pasó, en definitiva, fue una falta grave a la más robusta sentencia fundada en los principios de la llamada malicia indígena: no dar papaya. ¿Qué hacías tú caminando por ahí con una cadena?, decía otro.


Recientemente un familiar, victima de hurto en su residencia, estuvo en las mismas. Mientras no salía de la confusión por el desafortunado incidente, familiares y amigos acudimos a escuchar el relato, dar voz de aliento, y por supuesto, a buscar las mil explicaciones. Los suspicaces aseguraban que obviamente era alguien de su confianza, los estratégicos que en estos tiempos es inexplicable como la tapia no remataba en un arreglo de vidrios de botella o un tendido eléctrico, que no había cámaras, que faltan más rejas metálicas, que no se puede tener un estilo de vida tan predecible, que la casa no debería estar sola nunca y la mayoría, claro, cuestionaban que cómo es posible que se guarde dinero en efectivo en una gaveta. Todas las hipótesis apuntando a que no se tienen todas la previsiones, a que no se siguen los debidos protocolos ante la delincuencia, a que se inexorablemente se dio papaya.


Asistimos en este tipo de situaciones a una manifestación más de nuestra crisis de valores. No porque sea malo o inconveniente tomar y recomendar medidas que minimicen el riesgo de ser objeto de un robo. En absoluto. Es claro que como están las cosas uno debe mantenerse alerta y buscar la forma de evitarlos. Lo que en mi opinión está mal es considerar que cuando roban a alguien es más porque de alguna manera ‘se dejó robar’ y no porque ‘le robaron’ que es lo que realmente pasa. De otra manera no se explica cómo abundan comentarios acerca de las falencias de la victima y se minimizan las habilidades del ladrón.   


Estas situaciones tienen que ver más con la actitud criminal, probablemente de un diestro en esos oficios, que se ocupó de realizar su cometido midiendo y calculando los distintos detalles, evaluando situaciones y alternativas, actuando en el momento justo, con premeditación, para lucrar cada debilidad con su experticia y arrojo, aprovechando cada resquicio de la cotidianidad del ciudadano decente, que no tiene armas ni artimañas, que vive y piensa en la legalidad. Yo no me dejé robar la cadena, tampoco dejaron robar mis familiares en su casa. Nadie quiere que le roben. Somos victimas, no pendejos.  


Poner la lupa sobre el ‘apendejamiento’ de la victima y soslayar la responsabilidad del antisocial que causa el daño y contraviene el orden y la ley son conductas muy comunes, incrustadas en nuestra sociedad bajo la etiqueta de la ‘malicia’ mal llamada ‘indígena’ o la llamada ‘cultura mafiosa’.


En ese imperio del más ‘avispao’, se busca por todos los medios no hacer la fila en el banco, hacer plata fácil, coronar, aprovecharse y vivir del bobo, y hasta incluso matar a alguien, tirarlo a un caño y borrar las evidencias.

La semilla de la Fe del Padre Ovalle

20/3/13 0 comentarios ¡Deja tu comentario aquí!


Hernán Baquero Bracho
Columnista

La fama sigue al sacrificio. El conocimiento sigue a la diligencia. El intelecto está regido por acciones. En base a estos tres axiomas fue que el reverendo padre Augusto José Ovalle Quintero, sembró una semilla como fue la fe, la cual estaba disminuida en el pueblo villanuevero, por culpa de esa violencia cruenta en que estuvo el municipio por más de una década y que es de ingrata recordación  para todos sus habitantes. El padre Ovalle con sus acciones, sus conocimientos y el poder del Espíritu Santo pudo recuperar y devolver esa fe que se encontraba perdida en este pueblo sufrido, pero con una fortaleza y unas creencias que lo volvieron otra vez de la mano del padre Ovalle a los ojos de nuestro Señor Jesucristo.

Una de las personas más intelectuales con que cuenta Villanueva, ya nonagenario en su edad física, pero joven en su edad mental, como lo es el patriarca liberal Sabas Silvestre Socarras, tiene un escrito inédito de fecha 27 de julio de 2006, que recobra importancia en base al título de esta columna: Rerum Novarum, donde deja expresado lo que fue la presencia del sacerdote Augusto Ovalle Quintero, al frente de la parroquia de Villanueva: “la dirección espiritual ha sufrido ostensible cambio, con la activa labor pastoral del padre Ovalle, lo cual ha producido una verdadera integración. Ha desarrollado estrategias propias, que han inducido a los feligreses a cohesionarse en un solo haz de creyentes católicos; es muy diciente, la presencia del pueblo creyente en la eucaristía de los domingos en la tarde, cuando la iglesia se colma y gran parte de la plaza principal.

Nadie en la región y tal vez en el país, ignora que el municipio de Villanueva y sus alrededores; hará apenas 2 o 3 años, fue sometido a una cruenta y persistentes violencia, lo que produjo una horrenda degradación en todos los aspectos, sociales, económicos y espirituales; pero como decía el presidente Franklin Delano Roosvelt al primer ministro Wiston Churchill, en un telegrama con motivo de la derrota de Alemania: “Todo pueblo y todo hombre tiene una cita con el destino”. Y Jorge Luis Borges Acotaba: “el destino no hace acuerdos”.

Pero para el caso especifico de la recuperación de Villanueva y su entorno geográfico, si hubo un incontrovertible acuerdo, al coexistir  los tres factores fundamentales, para hacer el cambio de la estática a la dinámica, como lo anotamos anteriormente. Hay sobradas justificaciones para detenerse a resaltar la calidad y cualidades del sacerdote y abogado Augusto Ovalle, que los feligreses califican como un premio de Dios, su presencia en Villanueva, su pueblo querido, cuya arma para conquistar almas en esa ancestral humildad que siempre lleva en el campo focal de su conciencia. Con esa arma horada todas las dificultades inherentes a la vida del hombre en la tierra.

Como presidente del tribunal eclesiástico en Barranquilla, tuvo la gran oportunidad, de interpretar y aplicar el derecho Canónigo, bajo la inspiración de la doctrina cristiana y acelerar las soluciones a los problemas matrimoniales. Y así como a practicar las modificaciones en los oficios religiosos, contemplados en las encíclicas pertinentes. Dialogar con el padre Ovalle es tanto como recibir un baño de cultura universal, que él decora con una recia personalidad; usa frases cortas pero contundentes.

Conoce en forma exhausta a las distintas escuelas filosóficas, en las cuales incursiona con absoluta propiedad; le es lo mismo mencionar a Tomas de Aquino que llegar a los predios de Heráclito de Éfeso; conoce a fondo a Aristóteles y a platón dueños durante más de dos mil años del idealismo; no frunce el ceño cuando se le menciona a Marx y Engel. Por todo lo anterior se intuye que la presencia del padre Ovalle, ha sido equivalente a una terapia espiritual, que ha generado un gran optimismo colectivo, con sus positivos resultados”. Y qué resultados, como fue devolverle la fe a los villanueveros, siempre la memoria del padre Ovalle perdurará en la feligresía y en los feligreses de la parroquia Santo Tomas de Villanueva. 

'Nací oyendo versos': Poncho Zuleta

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Por: Natalia Gnecco - @NataliaGnecco. Antes de salir el sol, el cantar de los gallos anunciaba  otro caluroso día dedicado a sortear la escasez de forrajes en su  finca a causa del verano. Atrás quedaron las alegres madrugadas cuando se levantaba tempranito a ver las vacas  ordeñar, pues el fenómeno de El Niño de esta época del año, le ha robado ese deleite al pulmón de oro, Tomás Alfonso "Poncho" Zuleta.

Poncho representa  una de las voces más destacadas del vallenato tradicional y parrandero. Sin embargo, su amor por la tierra le hace llevar siempre dos sombreros: artista y  ganadero. Con la misma agilidad que se sube a una tarima para cantar su amplio repertorio, se dobla los pantalones para atravesar los resbalosos potreros cargados de abono   y velar por la fumigación del ganado  en su finca Mi Salvación, en Astrea (Cesar).

El hijo del Viejo Emiliano hizo sus primeros versos a los siete años y  cuentan que se los dedicó a su hermana Carmen Emilia. A pesar que el  tiempo ha pasado desde que  empezó a mostrar sus dotes de cantautor y  se convirtió en un ídolo del vallenato, su potente voz permanece intacta, ante el asombro de su fanaticada. Dejando a un lado  todos los quehaceres de su finca,  Poncho responde a mi llamado diciendo: "No pude asistir a la  celebración del  natalicio de mi papá, porque estaba en el exterior. Fue un evento muy concurrido, supe que Lucho Sierra, Rafa Oñate, Juan Darío Gutiérrez y Julio Oñate Martínez, quien es muy documentado en vallenatologia, estuvieron presentes. Todos ellos son muy  cercanos a la obra de mi papá y  creo que  la ruta de La Gota Fría  es un  proyecto muy importante tanto para mi  familia como para  toda la  música vallenata".

Cuando hablamos un poco más sobre su  herencia  musical responde con orgullo: "Nosotros dependemos de  una familia  de artistas mis ancestros son Guajiros, de allá de El Plan, arriba en Manare en la  Serranía, como decía  mi padrino Escalona. Nacimos viendo el acordeón, escuchando versos y paseos vallenatos, mi padre es tan grande en su folclor que hemos seguido su camino tratando de llevar el vallenato a todas las regiones de Colombia y  al exterior. El  viejo Emiliano, Leandro Díaz y Toño Salas son los mejores verseadores que ha dado la música vallenata.

La Dinastía Zuleta sigue maravillando al público, de hecho los herederos de Poncho han demostrado  que de tal palo tal astilla, pues Carlos Alberto,  es acordeonero mientras que Andrés  Alfonso  y Héctor Arturo son cantantes y acordeoneros. Como si fuera poco, Iván Zuleta Barros, su sobrino además de haber sido un niño prodigio del  acordeón  es considerado uno de los mejores verseadores del país, famoso por la extensión  de sus versos.  

Y hablando de grandes verseadores, nada más apropiado que hablar del  homenaje a Gustavo Gutiérrez Cabello, a lo que Poncho se apresura a comentar: "Muy merecido porque Gustavo es de lo más grande que ha dado el vallenato como compositor,  su estilo romántico costumbrista es grandioso por la sensibilidad, la sutileza de sus canciones. Tavo es un personaje muy creativo,  inteligente que se merece esta distinción y mucho más. Los hermanos Zuleta le hemos grabado algo  más de catorce canciones: "Así fue mi querer", "Amores que van y vienen", "La espina", mejor dicho, ¡es un peso pesado de la música vallenata!

Un talento generoso 

Mientras Poncho sigue lidiando con el calor y la sequía de Mi Salvación, al otro lado de la línea su hija Daniela escucha con atención a su padre, quien no se queda atrás al momento de crear  grandes  composiciones  como, "Luzmila, "Mi canto sentimental", "Buen comportamiento", "Talento artístico", "El andariego", Mi salvación"  y "La sangre llama" que escribió  con Emilianito, su hermano.

Y es precisamente Daniela, estudiante de odontología en Bogotá quien me habla de ese gran sueño que tuvo su padre por estudiar derecho y cómo, en noviembre del 2012 en las instalaciones de la Universidad del Magdalena en Santa Marta, el alma mater le entregó el título honoris causa de abogado acompañado de una gran delegación del Cesar, Magdalena  y La Guajira. 

"Mi papá me dice todos los años que se va a retirar, pero qué va, sigue cantando cada fin de semana", advierte Daniela con una tímida sonrisa, al tiempo que agrega que Poncho es generoso y tan  desprendido que no es extraño que termine regalándole a un amigo hasta lo que lleva puesto.  Además, de ser parrandero cuando está con sus amigos canta  e improvisa canciones,  lo más curioso es que siempre ha utilizado  un lenguaje muy culto para dirigirse a ella,  incluso desde niña la sorprendía con sus sabias palabras.

La canción preferida de Daniela es "Reconcilio" y lo que más  admira de su progenitor es su profesionalismo. "Mi papá es muy dedicado a su trabajo y le gusta incentivar a las nuevas generaciones  del vallenato, no es egoísta". Asegura su hija mientras recordamos sus  temas a dúo con miembros de la nueva ola del vallenato,  Peter Manjares con  el éxito " Sincelejana"  o  recientemente con Omar Geles y Martin Elías, otro gran acierto llamado  "Ella me gusta".

Padre e hija conversan por unos minutos, ajenos al significado de pertenecer a la Dinastía Zuleta. Luego Poncho se despide de mí como  todo cesarense  que se respete,  invitándome al próximo Festival de la Leyenda Vallenata. Bueno, su fama de excelente anfitrión es ampliamente conocida en la región, pero lo que quizás no recuerde Poncho ni Emilianito su hermano,  es que más allá de haber cautivado a los adultos con su talento, arrullaron con sus versos y acordeón por interminables horas a muchos hijos de sus amigos de parranda,  que como yo  se despertaban con el alboroto en las madrugadas, pero se enamoraron de la música vallenata, cantaban sus canciones desde niños  y esperaban con mucho entusiasmo la próxima visita de  los Hermanos Zuleta.

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Pueblos mineros, sin mina

15/3/13 1 comentarios ¡Deja tu comentario aquí!

"Como muchos otros sanjuaneros, los dueños del Arisuan comenzaron a construir el hotel pensando en las minas de Cañaverales y San Juan." 


Por: Andrés Bermúdez Liévano. La fiebre del carbón se comienza a notar incluso antes de que se extraiga la primera piedra, como sucedió en el pueblo de San Juan del Cesar (La Guajira). El anuncio de la multinacional CCX -propiedad del magnate brasilero Eike Batista- de que sus depósitos de carbón serían los quintos más grande del mundo despertó un verdadero auge del sector de la construcción en este municipio del suroriente de La Guajira. En dos años se han levantando tres hoteles de lujo, dos clínicas privadas, varios restaurantes de alto nivel, ferreterías, moteles, lavaderos de carros y una cancha de fútbol con gramilla sintética.

Pero ahora, ante el aplazamiento y posible reestructuración del proyecto de la multinacional carbonífera, muchos de los habitantes del municipio donde nacieron los vallenatos Diomedes Díaz y Juancho Rois están preocupados de que sus inversiones no puedan recuperarse al mismo ritmo que habían proyectado.

Al caminar por cualquier cuadra de este caluroso municipio de 50.000 habitantes, situado en la llanura entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la serranía del Perijá, resulta palpable que la llegada de CCX despertó grandes expectativas entre la población.

Por todas partes se ven casas y pequeños edificios en construcción, así como nuevas tiendas, agencias de viajes y almacenes de artesanías. Pero también abundan los letreros de 'se vende' o 'se arrienda', y las construcciones en obra negra.

Son las señales más visibles de que este pueblo, de origen ganadero, busca volver a las épocas doradas de la primera mitad del siglo XX, cuando era uno de los más prósperos de La Guajira. Pero que desde los años ochenta vio su economía estancarse y a buena parte de su población migrar hacia Valledupar o Ríohacha, debido al acoso de las Farc en este estratégico corredor entre las zonas montañosas de la Sierra Nevada y el Perijá, y hacia Venezuela.

Decididos a aprovechar el boom minero, los sanjuaneros decidieron madrugarle a la extracción. Y así asegurarse que los servicios en torno a la explotación de carbón no quedaran en manos de personas de fuera de la región, como sucedió en los cercanos pueblos de La Loma, El Hatillo o La Jagua de Ibirico (Cesar).

Pero no contaban con la coyuntura económica global. A mediados del año pasado comenzaron a circular rumores de que CCX frenaría sus planes en La Guajira, debido a la fuerte caída en los precios internacionales del carbón y a los reveses en la bolsa de Brasil de las empresas de Eike Batista.

La multinacional ha desmentido que esté pensando salir de Colombia, donde ya ha invertido unos 500 millones de dólares y tenía prevista una inversión total de 4.000 millones de dólares, pero ha reconocido que está en proceso de reestructurar su proyecto. Como parte de ese reajuste, han salido unos 70 empleados en los últimos dos meses.

Aún así, las dos minas de carbón de CCX en San Juan del Cesar -de las tres que prevé explotar en el departamento- generaron optimismo en muchos de sus habitantes, que vieron una oportunidad y se fueron preparando con antelación. Un buen ejemplo es el Hotel Arisuan, un lujoso hotel de 32 habitaciones, 3 suites, restaurante y piscina situado en las afueras del pueblo que abrió sus puertas en diciembre.

“Apenas CCX anunció la mina, todo se despertó y las expectativas eran muy grandes”, le contó a La Silla su propietario Jairo Suárez, sanjuanero de nacimiento y ex alcalde del municipio (1995-1997). “Nos llamaron la atención poderosamente las metas del Gobierno para el sector minero, el objetivo de pasar de 60 a 120 millones de toneladas de carbón al año”.

Como muchos otros sanjuaneros, los dueños del Arisuan comenzaron a construir el hotel pensando en las minas de Cañaverales y San Juan. “Ante la perspectiva de una mina, uno se adelanta. A nosotros nadie nos dijo 'Hagan un hotel', sino que vimos que habría unas necesidades y una demanda. Y cada uno, a su medida, fue haciendo lo que pudo”, dice su esposa Victoria Ariza, también sanjuanera y hoy la gerenta del hotel.

Para construirlo, ella y su esposo vendieron varias fincas y también pidieron un préstamo. “No queríamos que sucediera aquí lo que sucedió en La Loma o La Jagua, tan pobres como pueblos pero tan ricos en recursos. Y llenos de gente de fuera haciendo el trabajo que podrían estar haciendo los locales”, dice Ariza.

El Arisuan no es el único hotel en San Juan. Sobre la Plaza Bolívar se encuentra Casa Murillo, una casa republicana que alberga 26 habitaciones en una moderna estructura oculta tras la fachada restaurada. El Victoria Plaza, de cuatro pisos y una veintena de habitaciones, se está construyendo actualmente sobre la avenida principal, conocida como El Embudo. Otro más, con unas sesenta habitaciones, se encuentra alquilado por completo a CCX.

Todos nacieron, en gran medida, con la idea de proveer alojamiento a los técnicos de la minera durante la etapa de exploración, que solían trasladarse a diario desde Ríohacha o Valledupar, y cuyo número podría ascender a 3.000 durante la fase de explotación. Y todos esperaban beneficiarse de un auge comercial que ahora se ve más distante.

“En tres años San Juan pasó de ser un pueblo muerto a ver un resurgimiento impresionante. El pueblo se le midió a los requerimientos del proyecto minero. Y aunque éstos nunca fueron expresados directamente, nosotros sabíamos de la infraestructura que iba a ser necesaria y nos preparamos para proveerle todo”, dice Andrés Murillo, quien inauguró Casa Murillo en septiembre pasado en la vieja casona familiar, construida durante el apogeo de San Juan a comienzos del siglo XX. “Yo ya tenía la idea de montar un hotel, pero a medida que comenzó el trabajo de CCX vimos que había mucho movimiento y también potencial así que lo crecimos”.

Otros han vivido esta realidad de manera menos directa, pero también han sentido los efectos de la parálisis del proyecto de CCX. "A nosotros nos ha afectado de manera indirecta, porque -si bien venían muchos empleados de CCX- solían venir con mucha frecuencia muchos de sus contratistas", cuenta Rodrigo Torres, uno de los socios -también sanjuaneros- de Bahareque, un asadero gourmet en la esquina de la Plaza Bolívar, en diagonal a la Catedral. "De igual manera, han dejado de venir muchos clientes que le alquilaban casas a CCX y a quien se las han devuelto. O personas que prestaban servicios al Cerrejón y que, debido a la huelga, no han podido volver".

Inicialmente CCX les propuso alquilar el sitio en exclusividad, pero sus tres propietarios prefirieron abrir pensando en el resto de San Juan. Hoy se alegran porque el restaurante -ubicado en una vieja casona, cuya fachada recibe la sombra de un frondoso bouganville- ha conquistado a una clientela entre San Juan y Valledupar, además de muchos de los empleados de la minera.

Como en otros pueblos con perspectivas mineras, los precios de la vivienda, la mano de obra y los materiales fueron aumentando. “Hubo una burbuja porque las expectativas eran muy altas y se estaban alquilando casas en el pueblo hasta por 4 millones de pesos. Es decir, más de cuatro veces lo que cuesta una casa similar en Valledupar. Afortunadamente esa burbuja reventó y la gente ha tenido que aterrizar”, dice Suárez. “A la gallina de huevos de oro la estaban ahorcando”.


Carbón en caída libre

Desde hace dos años, CCX -antes llamada MPX, como la casa matriz- anunció un complejo minero que contaría con tres minas de carbón. En total, sus tres minas podrían producir unas 30 millones de toneladas de carbón al año, comparables a las 34 millones que actualmente produce el Cerrejón. Para transportar el carbón, CCX tiene previsto construir un ferrocarril de 150 kilómetros y un puerto de cargue en Dibulla.

Dos de estas minas serían a cielo abierto, similares a las del Cerrejón. La mina de Cañaverales, en San Juan del Cesar, tiene previsto exportar 2,5 millones de toneladas al año a partir de y cuenta desde 2011 con licencia ambiental para comenzar a explotar. La mina de Papayal, ubicada en la vecina Barrancas, tiene un potencial similar.

Pero la verdadera joya de la corona es la mina subterránea de San Juan, repartida entre San Juan del Cesar, Distracción y Fonseca. En mayo del año pasado, CCX anunció que esta mina podría producir unas 25 millones de toneladas anuales y contaría con reservas probadas de 672 millones de toneladas de carbón, convirtiéndola en una de las cinco mayores en el mundo. Esta mina, que CCX preveía comenzar a explotar en 2019, sería la primera en el país en emplear la tecnología de corte horizontal (longwall).

Sin embargo, la realidad económica -sobre todo la caída en un 50 por ciento del precio del carbón- ha obligado a CCX a reconsiderar sus planes. La principal causa de la caída del precio es el auge que vive en Estados Unidos el shale gas, un tipo de gas que se encuentra atrapado entre las formaciones de esquisto y que se extrae mediante inyecciones de agua.

El rápido crecimiento de esta fuente alternativa de combustible ya motivó que las exportaciones de carbón desde Colombia hacia el que era uno de sus tradicionales clientes cayeran en un 53 por ciento el año pasado. A eso se suman otros factores como la desaceleración de un cliente clave como China o la crisis de la deuda soberana en Europa, que también se han traducido en una caída en la demanda de carbón colombiano.

“La compañía concentra sus esfuerzos para sacar los procesos de licenciamiento ya en curso y en la revisión del proyecto, ya que la coyuntura del mercado a nivel internacional y los precios del carbón no permiten desarrollar el proyecto tal como estaba planteado inicialmente”, señaló CCX. “Se están evaluando opciones para redimensionar o revalorar el proyecto, las cuales aún no han sido definidas”.

Las quejas de Fonseca

En la vecina Fonseca el entusiasmo por CCX es menor que en San Juan. El alcalde José Manuel 'Chema' Moscote acusa a la multinacional de no haberle cumplido al municipio con cuatro proyectos con los que se había comprometido en la anterior administración.

Moscote dice que el pueblo no ha visto un sólo peso de los más de 1.000 millones que la multinacional prometió para construir un hogar múltiple, un centro de recursos educativos (Cren) y un compactador en zonas cercanas a la mina de San Juan.

Y que tampoco han respondido para reparar la carrera 14, la vía de salida de Fonseca hacia el corregimiento de Conejo donde está el proyecto de CCX. "Esa carretera la pavimentaron hace como 20 años y nunca había tenido problemas. Pero en tres años que han venido pasando con toda esa maquinaria pesada ha quedado así", cuenta María Isabel Londoño, la propietaria de una tienda vecina.

“No son serios cuando interactúan con la comunidad y han venido creándole falsas expectativas a la gente. Aducen problemas financieros, pero les duele poner los 150 millones de pesos que cuesta arreglar la vía por donde transitaron sus camiones”, dice Moscote. “Nosotros no les hemos pedido que suplan al Estado colombiano, sino que contribuyan a la educación, la salud y el desarrollo de Fonseca. Entendemos la situación en la que están y por eso sólo les estamos pidiendo que nos cumplan con arreglar la vía”.

CCX reconoció los daños en la carrera 14 y señaló que están actualmente trabajando en ello. La Silla comprobó que efectivamente se está terminando el arreglo del último tramo de la vía, aunque constató que varios de los anteriormente reparados tienen ya baches e irregularidades en su superficie.

Sobre los otros tres proyectos no se pronunció, limitándose a señalar que por la situación económica “las acciones que apoya la Compañía en este municipio están siendo revisadas y se adecuarán de acuerdo al momento en el cual se encuentra CCX”.

Título original: "San Juan del Cesar, pueblo minero sin mina"

 
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